Te fuiste sin mi adiós

Publicado por Alexandra Buonarroti , domingo, 16 de octubre de 2011 16:52

Han pasado cuatro años. Suena rápido, pasa despacio. Ahora solo queda de ti el recuerdo que te hará inmortal. Han podido contigo, lo sé. Pero solo con tu cuerpo, eso es cierto. Sigues estando aquí muy adentro, con todos nosotros.


Lo que más duele, más incluso que haberte perdido, que el no tenerte a mi lado en los momentos más importantes de mi vida, es saber que sufriste lo indecible antes de abandonarnos. Recuerdo tus últimos días, postrado en el sofá que antes reía con tus bromas, y me estremezco de dolor. Entonces recuerdo también aquellos momentos en que me agarrabas justo antes de caer cuando mis piernas apenas me sujetaban a dos palmos del suelo, aquellos en que sonreías y me abrazabas para secar mis lagrimillas de cocodrilo, aquellos en que conseguías hacer reír a las piedras, aquellos en que traías regalos para todos aunque  no tuvieras dinero para ti, y aquellos en que, a pesar de que sabías que la sombra oscura y alargada de la muerte se cerniría sobre tu cabeza más pronto que tarde, nos pedías que no lloráramos por ti.


Las tardes bajo el sol jugando en la playa parecen lejanas. Apenas hemos vuelto allí.


Cuando me dijeron que había pasado ni siquiera lo quise creer. Estabas allí, tan pálido como hacía unos días, tan delgado como solías. Pero tus ojos no iban a volver a abrirse, tu boca no iba a volver a sonreír, y tu cama era un maldito ataúd de madera que envolvía con sus finas telas blancas el cuerpo que había sucumbido a la enfermedad sin cura. Lloré como no he hecho nunca.


La vida ha seguido para nosotros, aunque no para ti. Aun hoy a veces te recuerdo y lloro en silencio. Te lloro cuando pruebo la comida que te gustaba, cuando contemplo el lugar en que jugábamos, cuando veo algunos de los regalos que me hiciste. Pero sobre todo lloro cuando recuerdo que te fuiste sin despedirte.


Tú creías en un cielo más allá de la muerte. Ahora solo pido a ese Dios que no me escuchó cuando pedí por ti, que me deje verte una vez más.


Porque nunca me he podido perdonar que te fueras sin mi adiós, sin mi abrazo y sin mi “te quiero, abuelo”.

0 Response to "Te fuiste sin mi adiós"

Publicar un comentario

Contáctanos

Envía tu petición, duda o sugerencia a diariodehistoriasimposibles@hotmail.com y te responderemos a la mayor brevedad posible.