Los pilares de la vida

Publicado por Alexandra Buonarroti , viernes, 23 de marzo de 2012 13:55

     Los pilares son utilizados en diferentes tipos de construcciones. Desde los colosales templos de la antigua Grecia a las altas catedrales góticas del medievo, las iglesias del magnífico Renacimiento o las extravagantes construcciones modernistas; los pilares han sido la base que ha permitido a la Belleza deslumbrar a lo largo de los siglos.
    Pilares adornados o expuestos tal cual a las inclemencias, pero siempre de dura y resistente piedra, sosteniéndose bien alto, con aire majestuoso, con el peso de cada muro, cada friso, cada bóveda, cada cúpula.
 
    Sin esos pilares, ese arte habría sucumbido, habría caído antes incluso de alzarse en su esplendor, de exhibir su valor. Pero nadie presta atención a esos pilares, abandonados a la ignorancia. Cargan a cada segundo con la responsabilidad de elevar lo débil a la gloria, y permanecen sumergidos y empujados contra el suelo por aquellos que permanecen cerca del cielo.
    El pilar soporta el peso, la inclemencia y el daño que provoca el tiempo, y se agrieta y sufre. Pero todos miran la belleza del techo, de los frisos y las bóvedas, las vidrieras y las cúpulas; y el pilar se agrieta en silencio cada vez más, se corroe por dentro, se hunde en el suelo, socava los cimientos, se consume y sucumbe.
    Es cuando cae, cuando las numerosas grietas y heridas lo derrumban, cuando reparamos en que toda esa Belleza que admirabamos con la cabeza alta, no es nada sin algo que lo sujete desde abajo. Es cuando se desmorona todo cuanto sostenía, cuando todos se arrepienten de no haber curado las heridas y remendado los daños sufridos por el pilar, evitando así el desastre. Y podrán levantarlo de nuevo, restaurarlo y recolocarlo en su lugar para realizar su arduo trabajo sin gratificación alguna. Y lo cuidarán quizá un día, o dos, o mil. Pero tarde o temprano, las cabezas se alzarán para contemplar la magnificencia que toca el cielo y olvidarán y descuidarán al gran pilar que la sostiene. Y llegará un día en que el daño sea irreparable, en que la piedra esté hecha añicos y el pilar no pueda volver a levantarse. Pero entonces no serán suficientes las lamentaciones y los arrepentimientos. El pilar habrá caído para siempre.
  
    Esos pilares no sólo existen como elementos arquitectónicos de una expresión de arte que perdura en el tiempo. Esos pilares existen más allá del mundo de la historia, y caminan cada día entre nosotros. Son esas personas fuertes que a pesar de sufrir numerosos daños y pérdidas, de estar heridos y solos, continúan cargando sobre sus hombros con el peso de la fragilidad, de los problemas ajenos, permitiendo que el resto pueda deslumbrar con la Belleza de la que goza el ser humano. Todos olvidamos agradecer su existencia, incluso olvidamos arreglar sus grietas y cuidar su dura piedra. Pero un día caerán, y con ello todos aquellos que sostienen quedarán en el aire sin un apoyo. Si te alzas sobre un pilar, recuerda bajar la cabeza y agradecerlo, cuidarlo, y jamás permitas que caiga; pues todo pilar, por fuerte que sea, duro, resistente, u orgulloso que se alce, puede caer.

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