La sonrisa de un ángel

Publicado por Alexandra Buonarroti , viernes, 17 de agosto de 2012 12:53

    Cuentan que hace muchos años, tantos que todos los que lo vieron han muerto ya, hubo un ángel que caminaba entre nosotros. Un ángel lleno de humanidad, que reía, cantaba, caminaba, y que como el resto de nosotros, no podía tan solo volar y huir. Un ángel al que le habían cortado las alas.
    Dicen que vivía para ayudar, para escuchar, para salvar, que habría insuflado su propio aliento al más desesperado para apartar de él las lenguas oscuras de la tristeza y le habría guiado hasta el fin del mundo, entre pasos tambaleantes y jadeos de agotamiento.
    Repiten hasta la saciedad que nunca descansó, que no paró a lamentarse de su propia pérdida ni derramó una lágrima de tristeza en su amarga soledad. Que no vivía para sí, que luchaba por brillar para el camino de los perdidos iluminar, y que nunca se rindió, por duro que pareciera el siguiente paso o por mucho que doliera.
    Pensaba que era solo una leyenda hasta que he encontrado la estatua llena de moho de un ángel. Miraba al suelo, triste, y me sorprendí al reconocer facciones femeninas escondidas en la comisura de sus labios. Tal como recogía la leyenda, lucía las grandes alas ganadas al entregar su vida, recuerdo de un sacrificio divino a cambio de una sonrisa humana.
    Sonreí y la abracé.
    -Gracias -susurré contra la fría piedra tallada.
    Como respuesta un latido, un solo tímido y débil latido. El latido del corazón de un ángel. La mirada de un ángel. La sonrisa de un ángel.
    ¿Quién puede siquiera sufrir o hundirse en la oscuridad tras haber contemplado en su esplendor la vida, la mirada y la sonrisa de un ángel? De ese ángel.

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