El trazo de una pluma

Publicado por Alexandra Buonarroti , sábado, 19 de octubre de 2013 20:42

    A la luz de la Luna, llena y preciosa, abrió su cuaderno. Aquel cuaderno que estaba lleno de recuerdos y de sueños, de experiencias de una vida y de realidades superpuestas. Y es que cuando sujetas una pluma entre tus manos puedes abrir la puerta de la realidad y echar un vistazo al otro lado. Puedes capturar con tus palabras el brillo de una estrella o dibujar en un firmamento aún por llegar la sombra de tus pensamientos. Cuando sujetas una pluma entre tus dedos puedes ver lo invisible, describir lo indescriptible, hacer posible lo imposible, retratar lo eterno.
    Las palabras son eternas, no hay barreras. Y es por eso que un escritor tiene el alma llena y también muerta, porque ha tenido que contener en su corazón el poder de un dios: el de crear y destruir, el de dar vida y el de matar, el de entender y retratar. Porque un escritor posee un cuerpo humano y un alma inmortal. Y eso al final acaba doliendo.
    Miró la Luna, con lágrimas en los ojos. Cómo dolía estar tan lejos del suelo. Y sin embargo, no lo cambiaría por nada. Sonrió y continuó escribiendo. Para ello vivía y para ello moriría.

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