Se hizo el silencio

Publicado por Alexandra Buonarroti , martes, 27 de mayo de 2014 1:30

Ambas almas reían y danzaban una frente a la otra, en círculos se acercaban y alejaban, se saludaban en la corriente de energías que se tornaba un ciclón a su alrededor. El tiempo corría y se detenía, sin control y sin medida, y flotaban y volaban, se dejaban llevar por la marea que se levantaba como paredes empujadas por el viento y la Luna. Y sin que se dieran cuenta de cómo había pasado, una corriente las empujó en direcciones opuestas, separó sus manos incorpóreas que hasta entonces habían permanecido unidas, como muestra de que sus destinos estaban unidos.
    Cuando quisieron darse cuenta, separadas por una pared arremolinada de una corriente más negra que el vacío, ya no pudieron hacer nada. Ambas almas habían quedado atrapadas en la soledad, una de ellas erguida entre llamaradas lánguidas sin color, y la otra soportando sobre ella el peso de un mar sin agua.
    Y fue ésta la que, aplastada por fuerzas superiores a su propia energía, se abrió paso entre bocanadas de locura y entre olas de violencia declaró la guerra a los remolinos y a las llamas para reencontrarse con quien portaba la mitad de su destino. Pero era tarde y el lazo que las unía ya no existía. Era tarde y las lánguidas llamas que rodeaban a su otra mitad la habían tornado un alma diferente y extraña.
    Y por primera vez en aquel lugar donde el todo y la nada conviven, donde la materia es escurridiza y las energías vagan libres en corrientes de colores y sensaciones, aquel alma que sufría tomó forma, y en su recién nacido corazón encerró todos sus sentimientos y recuerdos.
    Vagó durante tres eternidades, y al principio de la cuarta encontró por casualidad, en un recóndito rincón de un mundo al que ya no pertenecía, a la cambiada mitad que había dejado atrás. La cordura le susurraba que continuara su viaje por otras tres eternidades más, pero en su corazón hubo un recuerdo que se activó y lo resquebrajó, rompiendo la carcasa y dejando que todo lo que contenía se esparciera y explotara, girando en torno a aquella alma tiempo atrás olvidada que ahora regresaba, aquella alma que era su todo y su nada.
    Se abrió su corazón como se abren las puertas a la sala de los condenados, como se abrieron una vez los mares sin agua y las lánguidas llamas frente a su locura, se abrió y su contenido se lo entregó al recuerdo andante de su mitad. Esperó una eternidad y media más allí, descompuesta y desprotegida, a que algo sucediera, a que su mitad respondiera y con una cálida corriente de ilusión arreglara los desconchones y las fracturas de su corazón.
    Pero en lugar de ello, simplemente se hizo el silencio. Un silencio que dura desde entonces y que ya cuenta siete eternidades, tres vidas, un suspiro y dos lágrimas.

1 Response to "Se hizo el silencio"

José Manuel Bravo Says:

Una maravilla mis felicitaciones.

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