Música

Publicado por Alexandra Buonarroti , sábado, 15 de octubre de 2011 23:52

      Llevaban horas caminando. Aquella excursión se había convertido en un suplicio. Sus pasos parecían conducirlos hacia la profundidad del campo, muy lejos de la ruta establecida. Las mochilas a sus espaldas pesaban cada vez más y la fatiga y el cansancio comenzaban a hacer mella en los tres amigos.


     Las horas pasaban, la noche se acercaba, y derrotados, decidieron descansar junto a unas grandes rocas. Las redes del sueño cayeron sin demora sobre sus cuerpos. Sus párpados se cerraron silenciosamente. La oscuridad se cernió sobre ellos.


     El más joven despertó sobresaltado por alguna clase de ruido extraño. Su gesto aterrado se tornó en una sonrisa apagada. Tan sólo sería algún animal. Pero el sonido se repitió. Sonido de pasos, el chirrido de algún objeto contra otro, pero esta vez una delicada melodía, entretejida en notas de una profundidad sobrenatural, se alzó en el aire frío de la oscura y solitaria noche. El murmullo, dulce como miel de un nuevo panal, se escuchaba lejano aunque sobrio. El joven no dudó en despertar a sus compañeros. No era miedo lo que sentía su corazón, sino una fuerte atracción. La sensación de que aquella melodía le incitaba, con sutiles voces de instrumentos, a acercarse cada vez más.


     Los tres, sintiendo la necesidad de alcanzar la perfección de la bella música, iniciaron una marcha campo a través, sin más meta que la de seguir la música.

     No tardaron en llegar a una casa abandonada. El suave sonido musical se escuchaba cada vez más alto y más claro. Sus almas comenzaban a caer a la voluntad de aquella temeraria depredadora de corazones.


     La puerta se abrió lentamente a los recién llegados y el aroma dulce de la musical piel les impactó en los corazones, atrapándolos en sus garras como el águila atrapa al indefenso conejo.


   Sus movimientos mecanizados, cual marioneta de hilos, los llevaron a un inmenso salón, adornado con sencillas telas de fríos colores. Lo que sus ojos observaron pocos humanos lo han hecho, pues pudieron ver el regalo más hermoso que podrían haber recibido. Vieron, pues, a la perseguida música, bella como las flores de la primavera, fresca como el rocío de la mañana, dulce como la miel, suave como las nubes, y tan luminosa como las estrellas de la noche.

     Embelesados quedaron aquellos corazones, que, devueltos al cruel mundo de fatigas y errores, ansían por encima de todo encontrar de nuevo el hogar de su amada música.

     Los tres esclavos de la bella depredadora entregaron su vida a ella, describiendo a nuevos incautos las maravillas que aquella noche presenciaron. 

     Muchos siervos son los que esta bella diosa ha repartido por el mundo. Muchos que entregan su vida a ella sin pedir a cambio nada más que su fascinadora presencia.

     Dime ahora tú, siervo y pequeña presa, ¿acaso no has sentido la necesidad de la bella diosa? ¿No has sentido cómo sus garras te apresaban el corazón?

     Dime tú, músico, ¿acaso has cometido por ello un error?

     Quizás algún día también tengas la suerte de encontrar su oscura morada y observar su hermosa presencia, sentir cómo tu voluntad cede a sus redes sin remedio y cómo surge su cariz entre tus venas.

     Ella continúa esperándote.

4 Response to "Música"

Khemi Says:

Un gran homenaje a ese impulso de los sentidos que te envuelve en su calurosa bienvenida. Merecido el homenaje pues nos aisla bastante de la realidad por un instante que parece infinito.

Muy bueno :D

Alexandra Buonarroti Says:

Me alegro que te guste. Fue un encargo de mi profesor de lenguaje musical, pero él nunca llegó a leerlo terminado. Homenaje a mis compis de conservatorio.
Se hace lo que se puede, la verdad... ^^"

Anónimo Says:

Guta,Guta a mi me guta jeje ME ENCANTO! HERMOSO DIARIO, FELICITACIONES AMIGA Serena...

Alexandra Buonarroti Says:

Muchas gracias, me alegro de que te guste. Espero poder subir algunas cosas nuevas pronto después de tanto tiempo con el blog abandonado.
Un saludo y espero volver a verte por aquí.

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