La pluma de plata

Publicado por Alexandra Buonarroti , miércoles, 11 de abril de 2012 17:29

    Sus ojos grises se centraron en el pequeño objeto tirado en el suelo. Una pluma de plata con tan solo unos milímetros de tinta en el recambio interno. Había sido muy usada, supuso. No tenía ni idea de cómo había llegado bajo su escritorio, pero decidió probarla. Le gustaba la sensación de la plumilla deslizándose sobre el papel, así que cada día la sacaba del cajón y escribía alguna que otra frase en su papel apergaminado. Semanas más tarde, comprobó con asombro que las frases inconexas parecían tener sentido una tras otra, como si se tratara de pequeñas cuentas de marfil unidas por un fino hilo de seda para conformar juntas un bello collar. Engarzaban a la perfección, cada trazo con el siguiente, de forma que parecían bailar un dulce vals al son de violines empolvados por el paso de los años. Una sonrisa asomó a su rostro, contemplando por primera vez la belleza que había creado con tan solo unas finas láminas de papel y una vieja pluma tirada en el suelo. Acarició la pequeña pluma sucia y la destapó. Se pinchó con la plumilla, y el último resquicio de tinta se quedó en su dedo.
 
    Miró al otro lado de la ventana, viendo caer la espesa y neblinosa lluvia que arreciaba, golpeando con fuerza como si luchara por entrar y poder tocar la belleza de su obra en letras. Sonrió, con una mueca torcida de sus agrietados labios, cruzando los brazos. Nada ni nadie tocaría jamás aquellas líneas que se dibujaban una tras otra en un lienzo de sensaciones encontradas y perdidas. No le importaba que otros dijeran que el arte es un bien universal que debe ser compartido. No le importaba nada que no fuera conservar sobre su escritorio aquellas hojas de papel, a salvo de la mirada de cualquiera.
    Línea a línea, letra a letra, había ido depositando su alma en aquella pluma de plata, creando su espíritu la tinta que escribía cada palabra. Su corazón roto, el brillo de sus ojos, el amargor de sus lágrimas, el dulzor de sus sonrisas, el color de sus sueños e ilusiones, estaban todos en esos papeles. Esa era su vida, su esencia y su eterno espíritu. Y no se los entregaría a nadie que no lo mereciera. Porque esas letras de bello sonido serían lo que quedaría cuando su cuerpo yaciera inerte, la vida arrebatada de su ser.
    La pluma de plata le había dado el poder de vivir eternamente. La inmortal hazaña de vivir entre letras.

2 Response to "La pluma de plata"

Manu Soap Says:

:_________________________________D Que bonito, joer. Que bonito!!

Alexandra Buonarroti Says:

De verdad te gusta? No sabes cómo me alegra eso, que estaba toh desanimada, va y me sale esto, y... Que os guste es como un regalo caído del cielo *-*

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